sábado, 1 de abril de 2017

SIN SEGURO NO ES SEGURO

Durante  mi ejercicio profesional me ha tocado ver situaciones que me hacen reflexionar sobre lo importante que significa tener un seguro de gastos médicos o estar afiliado a una institución de salud gubernamental.

Cuando una persona está sana, vive ocupada en sus actividades diarias y preocupada por solucionar los problemas que se le presentan en el día a día. Pero quizá  en lo que menos piensa sea contar con algún tipo de seguro médico que la proteja ante cualquier eventualidad. 

Desafortunadamente, esta cultura de la prevención no es habitual en nuestro país y para muchas familias es hasta que la enfermedad se presenta cuando se empieza a buscar los recursos económicos para sacar adelante al enfermo, ya que no hay un sustento reservado para ello. Ante la emergencia se toman decisiones urgentes que pueden afectar la estabilidad familiar en otras áreas, como  poner en peligro el patrimonio al tener que vender, hipotecar o empeñar, que dada la premura con que se realiza, se cae en el riesgo de obtener ingresos por debajo del valor real o cargar con una deuda que vuelva pesada la existencia.

¿Acaso te has puesto a pensar que nadie tiene la vida o la salud comprada? Son muy pocas las personas que acostumbran guardar un dinero extra para atención en salud. Además, la medicina privada de calidad es cara. Se podrá pagar un tratamiento ambulatorio (una enfermedad que se consulta y para la cual se receta un tratamiento que se lleva en casa) sin embargo una cirugía mayor o incluso una hospitalización menor, tienen un fuerte impacto en la economía de las familias.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de ver cómo una familia tenía apuros  para solventar los gastos derivados del nacimiento de su hijo, que nació por cesárea antes de tiempo y con  un cuadro de neumonía. La cuenta en la clínica, minuto a minuto se incrementaba, por lo que la familia decidió trasladarlo a una clínica de salubridad. Sin embargo, no tenían en cuenta que la ambulancia de la Cruz Roja, les cobraba por hacer el traslado de su bebé. Posteriormente, al ingresar al Hospital General de Salubridad, se enteraron que una estancia en ese lugar tendría un costo económico por día, que tendrían que comprar algunos medicamentos (por el desabasto del hospital) y que algunos estudios (como un electrocardiograma) se tendrían que hacer de forma particular. El padre preguntó si existía algún tipo de apoyo y obtuvo por respuesta que al final le podrían hacer un estudio socioeconómico para ver si era factible aplicar algún descuento, pero esto no era algo definitivo. Otra opción que le dieron al papá, fue de que asegurara a su hijo y familia al seguro popular y de esta forma no le cobrarían, situación que así se realizó, por lo que al final del proceso de hospitalización, no se pagó nada, pero si fue necesario que comprara medicamentos e hiciera estudios de gabinete por fuera. Hago un paréntesis en este relato para hacer un reconocimiento al personal de Salubridad que hace esfuerzos sobrehumanos para sacar adelante su trabajo y a sus pacientes, pues desafortunadamente, las condiciones del hospital son limitadas.

La anhelada espera de la llegada de su hijo tuvo un final estresante y angustiante, por la salud del bebé y por los gastos de atención médica que requirió, para lo cual no estaban preparados. Una fuerte deuda se les presentó,  pues tuvieron que gastar en la clínica particular, en el traslado de ambulancia, en su alimentación, en medicamentos del bebé, además de no ir a laborar por estar al cuidado de su hijo. Nadie se  imagina los imprevistos que pueden presentarse con el nacimiento de un bebé.

Si tienes la fortuna de contar con un seguro de gastos médicos, es importante tener en orden y disponible la documentación necesaria, averiguar las instituciones otorgan el servicio que se está pagando, a cuánto asciende tu seguro, cuánto tendrás que pagar de deducible y reservar ese dinero en una cuenta de ahorro que sea intocable.

Otra situación que se presenta es que en nuestro país, a la mayoría de los trabajadores, las empresas los aseguran en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) pero no acuden a la clínica para hacer su trámite de afiliación o asignación de consultorio. Por tal motivo, es común ver a pacientes con vendajes, heridas, en silla de ruedas, enfermos, haciendo largas filas para poder registrarse. O sea que hasta cuando lo necesitan hacen el trámite. El asegurado espera  tener un problema de salud (él o su familia) para hacer el procedimiento.

En la actualidad existe una modernización del servicio del IMSS y se puede hacer la afiliación de forma digital a través de SUSITIO WEB o también en una Aplicación llamada IMSSDigital que se puede descargar a los móviles por App Store, Google Play o Windows Phone. Los trámites que con esta aplicación se pueden hacer son: obtener o consultar el NSS (Número de Seguro Social), darte de alta o cambiar de clínica, consultar tu vigencia de derecho, dirección de clínicas y hospitales y localizar la clínica a la que perteneces por tu código postal. También existe un número telefónico para solicitar cita para una consulta: 01-800-681-2525. Se recomienda aceptar el horario que se otorgue, pero en el turno matutino se deberá presentar antes de las 13:00 hrs y en el turno vespertino antes de las 20:00 hrs pues será muy difícil que se le atienda después de esa hora.

También el ISSSTE se ha modernizado y en la actualidad ofrecen ISSSTEtel como medio para obtener citas sin tener que acudir a sus instalaciones a través de un número telefónico o por vía internet.

El Seguro Popular de la Secretaría de Salud puede ser una alternativa económica para aquellos que no tienen la posibilidad de acceder a los dos anteriores (IMSS o ISSSTE), con sus limitantes y carencias. Desafortunadamente, todas estas instituciones tienen un problema en común: sobrepoblación, que las vuelve insuficientes.

Cuando menos lo esperamos nuestra condición de salud puede cambiar a enfermedad. Por lo que es necesario mantener vigente el seguro de salud, institucional o particular, pues la prontitud en la atención puede significar vida o muerte.

Recuerda, en la medida posible, tener guardado un dinero extra que te pueda servir en un momento de emergencia. Que no te quede un sentimiento de culpabilidad por que algún miembro de tu familia se complique o fallezca por no haber podido recibir una atención médica oportuna.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Quintana Roo, México. Abril del 2017



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miércoles, 1 de marzo de 2017

VIOLENCIA SOCIAL

En la actualidad, nuestro comportamiento como sociedad se ha vuelto más violento en comparación con el de  generaciones anteriores.

¿A qué se debe este cambio? Según investigaciones realizadas, intervienen muchos factores que pudieran generar este cambio en la conducta social; como pueden ser: la inseguridad, el deterioro de la célula principal de la sociedad (la familia), la economía, el gobierno, la delincuencia organizada, las redes sociales, el fácil acceso a la información y muchos otros factores que intervienen para que la sociedad no conviva en forma armoniosa.

Hace unos días, veía a través de la redes sociales, el caso de una pareja que agredió físicamente a su vecino al grado de provocarle severas lesiones que lo dejarán cuadripléjico (inmovilidad del cuerpo desde los hombros hasta los pies por daño a la columna cervical). La causa: un perro.

Las redes sociales y el internet favorecen la difusión de la violencia al publicar imágenes o mensajes nocivos  que se introducen en todos los ámbitos sociales y accesibles a cualquier edad. Ejemplo de esto fue lo sucedido en una escuela secundaria donde un alumno disparó un arma contra su maestra y compañeros, para luego quitarse la vida. De acuerdo a la información que ha rodeado esta tragedia, el chico estuvo influenciado por las ideas de un grupo en las redes sociales.

De igual manera, la delincuencia (que siempre ha existido) se ha tornado más violenta. Por mi trabajo, puedo enterarme de casos en los cuales se agreden de una forma desmedida a niños, ancianos y mujeres embarazadas para robarles sus pertenencias.

Es así como, sin darnos cuenta, al tener presente  la violencia como parte de nuestra cotidianidad, poco a poco nos  volvemos insensibles ante esta descomposición social.

En mi trabajo como profesional de la salud, no deja de sorprenderme  ver adolescentes presas de las adicciones permitidas y no permitidas a pesar de provenir de hogares firmes y funcionales. Por consiguiente, en las familias que presentan alguna disfuncionalidad, los hijos  desde temprana edad son vulnerables a los embates de una sociedad violenta, siendo presas fáciles de alcoholismo, drogadicción, embarazo en adolescentes, pandillerismo y delincuencia. Es en ese transitar,  donde los adolescentes se desarrollan en un ambiente social poco favorable que los lleva a caer en un pozo sin fondo, del cual muchas veces sólo se puede salir con la muerte.

Una situación lamentable que viven los niños actualmente  es el hecho que  desde pequeños están expuestos a la violencia a través de las caricaturas bélicas, agresivas y motivadoras de desobediencia y rebeldía. De igual manera, a través del internet, los menores tienen acceso a contenidos no aptos para su edad, los cuales despiertan a temprana edad  su curiosidad y los hacen susceptibles a peligros e influencias negativas que pueden determinar su conducta en la adolescencia y juventud. Por consiguiente, es responsabilidad de los adultos,  sean padres, hermanos, tíos o maestros,  estar vigilantes del uso y abuso de las redes sociales e internet de los menores. Las familias evolucionan en base a su entorno social y cultural, por lo que debemos estar alertas para identificar esos cambios de comportamiento, adecuarnos a las circunstancias y estar informados de la situación que vive cada integrante.

Hace poco tiempo, una paciente refirió que estaba teniendo problemas con su hija adolescente, quien desde su red social  daba  avisos de cambios en su conducta. Al preguntar a la mamá si vigilaba las publicaciones de su hija, la señora respondió que no le gustaban ese tipo de cosas y que no tenía tiempo para hacerlo. Recuerdo cuando niño a los papás de ese tiempo les preguntaban ¿Sabes con quién está tu hijo? ¿Conoces a los amigos de tu hijo? ¿Estás enterado en donde anda tu hijo? Esas preguntas las debemos trasladar a los tiempos actuales y entonces dirían: ¿Qué redes sociales utiliza tu hijo? ¿Quiénes son sus contactos en redes sociales? ¿Qué clase de información o videos mira? ¿Pertenece a un grupo? No digas: Es que no le entiendo o no me gustan esas cosas ¡Es obligación de los padres conocer y aprender, si es necesario, acerca de lo que viven sus hijos y  estar pendientes de lo que sus hijos hacen!

No solo puedes vigilar el comportamiento y conductas de tus hijos en las redes sociales, sino también de sus amigos. Recuerda que en un frutero, una sola fruta descompuesta echa a perder las demás.

Tampoco crees en tus hijos necesidades ¿Por qué digo esto? En la actualidad es muy común ver a niños desde muy temprana edad que ya están utilizado teléfonos o tabletas para navegar en la red. Los papás utilizan estos aparatos para mantenerlos tranquilos y ocupados, pero es un arma de doble filo. De tal manera que los niños empiezan a tener adicción a estos aparatos electrónicos al grado de pasar largas horas utilizándoles, dañando su salud, empleando tiempo de estudio o descanso, con las consecuencias adversas que esto significa.

¿Conoces el caso de algún niño o adolescente al cual se le ha tenido que reprender porque ya son altas horas de la noche y en lugar de dormir está a hurtadillas navegando por el ciberespacio? Te puedo asegurar que sí conoces casos de ese tipo y probablemente hayan sucedido en tu misma familia.

Una señora decía que no tenía este problema puesto que ni siquiera tenía internet, pero no contaba con que el hijo aprovecha todos los WiFi públicos y de los vecinos y accedía a redes sociales de forma irrestricta.

Por ello, es importante estar alertas a lo que hacen nuestros niños y adolescentes, guiarles, explicarles, platicar con ellos, preguntarles que piensan. Para poder lograr esto, es indispensable un diálogo constante, abierto y congruente.

Si queremos combatir la violencia, debemos empezar en casa, sembrando, fortaleciendo y poniendo en práctica, valores y principios que nos permitan una convivencia respetuosa. Analizando los eventos que suceden a nuestro alrededor y explicando la consecuencia de los actos inadecuados. Actualizándonos como adultos en el avance cibernéticos y estar muy al pendiente de nuestra familia, favoreciendo redes de apoyo intrafamiliar.

La base de la sociedad es la familia, por lo que debemos fortalecer a la familia. Ese puede ser tu aportación para combatir la violencia que nos rodea.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Quintana Roo, México. Marzo del 2017



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miércoles, 1 de febrero de 2017

MIEDO

El miedo es una reacción desagradable, espontánea e involuntaria propia del individuo que se genera ante la percepción del peligro que puede desencadenar comportamientos de angustia e incluso pánico.

Esta reacción  permite estar alertas ante situaciones que ponen en riesgo la integridad física de una persona. Por ejemplo, lo desconocido genera en la mente una respuesta de miedo que obliga a ser precavidos y reservados, preservando así la propia seguridad.  Sin embargo, en ciertas ocasiones,  existen respuestas exageradas que en lugar de protegernos nos exponen  más al peligro,  como  cuando caminamos  por la calle y percibimos una amenaza,  en vez de correr a resguardarnos, nos quedamos paralizados.

En algunas especies de animales, los colores vistosos, el mostrar la dentadura o extender membranas alrededor de la cabeza o el cuello, son características propias cuya objetivo es generar miedo en los otros animales y servir así como un medio de defensa o ataque.

Recuerdo cuando niño, en el lugar donde crecí no contábamos con energía eléctrica, por lo que papá tenía una pequeña planta que generaba energía colocada en un cuarto de máquinas a 5 metros de la casa. Todas las noches, el generador se encendía un promedio de 3 a 4 horas y posteriormente, a mí me tocaba ir a desconectar la máquina; al regresar a casa sólo y caminar esos escasos 5 metros a oscuras, era algo que me causaba mucho temor. Durante el pequeño trayecto experimentaba una sensación de que alguien me seguía o de que se me podía aparecer un animal peligroso o incluso un fantasma, situación que se reforzaba cuando previamente había visto una película de terror. Este miedo desapareció sin darme cuenta, cuando fui creciendo y mis fantasías de niño ya estaban ausentes en mi comportamiento de adulto.

Todos los seres humanos en algún momento de la vida hemos sentido miedo. Sin embargo, la diferencia entre los individuos es la capacidad que se tiene de enfrentar el miedo, así como la forma de manifestarlo. Entonces hay personas que son muy expresivas al respecto, otras se paralizan y algunas otras experimentan una descarga de adrenalina que los obliga a enfrentar las situaciones que les causan temor.

En la actualidad, durante mi desempeño profesional me encuentro con personas de todas las edades que refieren sentir  miedo ante la posibilidad de que  una enfermedad se complique, a la muerte, a la soledad, a la pareja, a la inseguridad. Y así son muchos factores que pueden generar este sentimiento.

En recientes fechas, se suscitó una situación de inseguridad que generó miedo colectivo en la sociedad de la ciudad  donde vivo, debido a la excesiva cantidad de información (verdadera y falsa) que se transmitió a través de las redes sociales. Por lo tanto, cuando no somos capaces de controlar nuestro temor, éste se convierte gradualmente en ansiedad  y puede hasta llegar al pánico. Las personas en estas condiciones se vuelven vulnerables en todos los sentidos. Incluso, las conductas repetitivas de pánico pueden generar fobias o manías, condicionando así un trastorno mental en los afectados.

El temor también se manifiesta en una conducta aprehensiva que tampoco favorece al individuo. De hecho, las personas aprehensivas pueden llegar a ser una mina de oro para los que ofrecen algún tipo de servicio relacionado con ese temor.

Recuerdo que en cierta ocasión tuve como paciente a una mamá que cuando su bebé se enfermaba, le tomaba la temperatura cada 5 minutos y se angustiaba si los grados centígrados se elevaban una o dos rayas del termómetro e inmediatamente  me llamaba para informarme de la evolución de la temperatura del bebé. Cada vez que la veía llegar a mi consultorio,  sabía que cuando menos 2 o 3 días tendría llamadas frecuentes de ella, hasta que su bebé estuviera sano.

El problema no es tener miedo, ya que es un sentimiento que como tal es involuntario y la forma cómo reaccionamos depende del tipo de personalidad de cada uno. El problema real surge cuando permitimos  que el miedo se apodere de nuestra realidad y no podamos controlarnos, al grado de alterar nuestra salud.

Por consiguiente, lo primero que debemos hacer cuando se tiene miedo es mantener la calma, lo cual requiere  respirar profundo para oxigenar la mente y disminuir el ritmo cardíaco,  en consecuencia, podemos mirar la situación desde diferentes perspectivas y tomar decisiones más adecuadas. Cuando reaccionamos de forma impulsiva, corremos más riesgo o incluso ponemos en riesgo a las personas que dependen de nosotros.

Enfrentar las situaciones que nos generan miedo puede ser una buena solución, pues de esa forma nos daremos cuenta de que podremos manejar y dominar la situación, desarrollar seguridad y  en una próxima ocasión que se presente una situación igual o similar, ya no tendremos miedo. Es válido (y a veces necesario) que nos hagamos acompañar de personas que ya han vivido las mismas experiencias que nos condicionan miedo, pues guiados por la experiencia del acompañante, será mucho más fácil superar esa situación. Pero debemos tener cuidado y  no cometer el error de hacer algo peligroso para enfrentar nuestros miedos. En ocasiones es mejor vivir con miedo, que ser un valiente al que le lleven flores a la tumba.

La risa, la unión familiar, las actividades recreativas, el culto, el rodearse de personas sanas, son diversas opciones para superar  los miedos.

Los niños que crecen en un hogar bien cimentado con valores, principios, sin adicciones, libres de violencia intrafamiliar en cualquiera de sus formas, son niños que se sienten protegidos y con una facilidad a enfrentar las situaciones que les permitan vencer sus miedos. El crecer a niños en estas condiciones, les permitirá ser adultos capaces de solventar sus miedos de forma fácil y a su vez, enseñar a sus hijos la capacidad de enfrentar estas situaciones.

El pánico es capaz de trastornar nuestra realidad y hacernos creer cosas irreales como verdaderas. Al volverse crónico, nos puede causar graves trastornos mentales que incluso pueden necesitar medicación.

Si tú o las personas que te rodean perciben que el miedo es exagerado, inusual, que afecta su funcionalidad social, laboral o familiar, es conveniente buscar ayuda profesional con terapeutas, psicólogos o psiquiatras. Lo peor que se puede pensar es que el individuo temeroso simula y un gran error es pensar que echándole ganas podrá tener una solución a su problemática.
El miedo puede salvar tu vida o la puede trastornar. No vivas preso del temor.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar


Cancún, Quintana Roo, México. Febrero del 2017



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domingo, 1 de enero de 2017

EL DÍA DE MAÑANA

Muchas veces he escuchado la frase ¡Mañana lo hago! y de ahí viene una pregunta obligada ¿Tienes seguro el mañana? ¡Por supuesto que no! Cierto es que lo único que tenemos seguro al momento de nacer es la muerte, pero nadie sabe el día ni la hora.

Me platicaba  una paciente de la séptima década de vida, que se sentía muy triste porque la conducta de sus hijos era diferente a lo que ella esperaba. Le pregunté ¿Quién los educó cuando eran niños? ¿Quién curó sus heridas? Me respondió que ella sola, pues su esposo los abandonó a pesar de la temprana edad de sus hijos, por lo que ella se encargó de darles sostén, comida, vestido y educación, de una forma precaria pero suficiente. Ante su respuesta, le cuestioné que si crio a sus  niños con tal esmero, por qué sufre ahora por sus conductas de adulto. Siendo ella mamá y papá a la vez, tuvo la responsabilidad de darles las herramientas necesarias para construir su futuro. Sin embargo, cada quién utilizará esas enseñanzas de acuerdo a su condición de vida y a su criterio. Por ejemplo, un martillo fue diseñado para clavar clavos, aunque también puede ser utilizado para aplanar un objeto metálico o romper una pared. Lo  cierto es que si no se utiliza como es debido  puede causar el aplastarte un dedo durante su uso y seguro  que el dolor que cause la herida logrará que se actúe con  más cautela  cuando se utilice  de nuevo  esta herramienta.  Con esta analogía quise decirle que lo mismo sucede con los hijos y que no valía la pena que  sufra por lo que hacen sus hijos de adultos;  más bien, piense que no hay un mañana seguro y dígales cuánto lo ama, cuánto disfrutó verles crecer y por qué no, dígales también que su conducta le hace sufrir si es que usted no está de acuerdo con su proceder. 

De nada sirve demostrar con lágrimas sobre un ataúd el amor que se siente por la persona que ha fallecido, como diría mi difunto padre: En vida hermano, en vida.

Sucede en ocasiones, que por las mañanas, ante las prisas de la rutina diaria, existen fricciones y desavenencias que condicionan salir enojados de nuestro hogar. Esto no debe ser así, pues no se sabe si al salir por la mañana de casa, se pueda regresar. La muerte  acecha en  cualquier momento ¿Te imaginas que triste debe ser que el último recuerdo que tengas de un ser amado sea un disgusto o un discusión?

Platicaba con un paciente que tuvo la confianza de contarme que se sentía triste pues no encontraba sentido a su vida. Se casó muy joven y seguía casado con la misma mujer. Su relación era poco afectiva y sus diálogos diarios eran sobre los pendientes de la casa, los apuros económicos y los hijos. Después de esto, él se sentaba a ver televisión solo, mientras  su esposa se dedicaba a terminar las labores domésticas y luego a platicar con su mamá ya que vivían en casa de sus suegros. Esta rutina era algo de casi todos los días.

Al contarme esto y percibir en él tristeza y hastío, le respondí si alguna vez le había expresado a sus esposa cómo se sentía y mejor aún, si alguna vez le había preguntado a su esposa cómo ella se sentía. El convivir juntos sin dialogar en sentimientos, pensando que el otro sabe cuánto lo quiero por lo que no es necesario decirlo con palabras, es una situación común de las parejas. El error está en dar por hecho lo que el otro siente. Aquí ajusta muy bien la expresión común y errónea de: Ella (él) sabe que la(o) quiero así que no es necesario que se lo diga. 

Lo mismo sucede con los hijos, la vida corre tan aprisa y estamos encismados en el diario quehacer que no nos damos cuenta lo rápido que crecen y cuando queremos acercarnos a platicar con ellos o disfrutar de su compañía, ya es demasiado tarde. Ellos rechazan a los adultos o simple y sencillamente ya no tienen tiempo para interactuar con sus padres. 

Es durante la niñez cuando los hijos aprenden a dialogar y a tener confianza en sus padres. Ya de adolescentes o adultos jóvenes, es más difícil el acercamiento con los adultos de su familia.

¿En alguna ocasión alguien te ha reconocido por un servicio de ti recibido?  Probablemente sí,  pero te puedo asegurar que te sobran dedos de las manos comparado con el número de ocasiones. Ahora te pregunto ¿Alguna vez le has reconocido a alguien de una forma espontánea tu agradecimiento o admiración por el servicio recibido? Es más factible que te hayas quejado por no estar conforme. Esta conducta no ayuda a reconocer el esfuerzo de los demás. No esperes hasta mañana.

Con todo lo anterior te quiero decir que no esperes para mañana para expresar amor, perdón, reconocimiento, alegría, orgullo, pues el día de mañana no es seguro pero el hoy sí.

Feliz inicio de año, mis mejores deseos para ti y tu familia.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Enero del 2017



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jueves, 1 de diciembre de 2016

LA ALEGRÍA DE VIVIR

En más de una ocasión durante mi práctica profesional he escuchado decir a algunos pacientes que la vida no tiene sentido, que nada les importa, que ya quieren morirse, que a nadie le interesa cómo se sienten, que las enfermedades son sus únicas compañeras. Pero también me he encontrado con otros que a pesar de tener una enfermedad grave o una situación de vida complicada, sonríen, asumen su estado de salud con responsabilidad y optimismo, se esfuerzan cada día por salir adelante.

La felicidad de algunas personas, contrasta con el dolor que otros tienen. Así es la vida, unos ríen, otros lloran.

¿En qué consiste tener la alegría de vivir? ¿Se puede ser feliz en medio de la adversidad? Son cuestionamientos que me han hecho mis pacientes cuando se encuentran en medio de una crisis de ansiedad y buscan respuestas que les permitan sobrellevar sus problemas.

En algún lugar leí, que un día acudió con un terapeuta una pareja de esposos los cuales llevaban mucho tiempo de casados. El terapeuta preguntó a la señora:

-¿Su esposo le hace feliz?

Al escuchar esto, el esposo se irguió en su postura, un tanto orgulloso, pues se consideraba un buen marido.

La esposa contestó:

-No, mi esposo no me hace feliz.

El sorprendido esposo no daba crédito a lo que escuchaba.

La esposa continuó diciendo:

-El que yo sea feliz no depende de él. Ser feliz  depende únicamente de mí, pues mi felicidad no la puedo basar en el comportamiento de otra persona o en las circunstancias de mi vida.

Este relato nos hace saber, que cuando la felicidad está basada en la manera de comportarse de otras personas o situaciones de vida, se convierte en una circunstancia de riesgo impredecible, pues todo dependerá de lo externo y será muy difícil de controlar.

No existen días buenos ni malos, sólo existen días en los cuales cada momento se va presentando con una sorpresa, pues todo puede cambiar en un segundo para bien o para mal ya que la vida es un proceso dinámico. Todo lo que existe en la vida cambia: el amor, la salud, las riquezas, el clima, los placeres, el trabajo, la libertad y muchas cosas más. Por eso mi felicidad depende de mí, no de circunstancias de vida o personas.

En la actualidad, la felicidad está basada en la capacidad de adquirir cosas materiales, que por su misma naturaleza, son efímeras y transitorias. Sin embargo, existe también el riesgo de que en el camino a conseguirlas, se arriesguen las relaciones interpersonales. Muchas familias con comodidades no tienen cohesión y otras familias con precariedad son más unidas.

Cuando se acercan fechas especiales como Navidad, San Valentín, Día de Reyes, fin de año, cumpleaños o aniversarios, las personas se  ilusionan con objetos materiales como teléfonos y equipos de cómputo de última generación, televisores, juguetes, cosméticos, muebles, autos. Todo va a depender del poder adquisitivo, pero ¿esto podrá dar la felicidad? ¡Por supuesto que no! Tendrás una emoción efímera al momento de recibir estos objetos, pero no será duradera. Pasado algún tiempo te acostumbrarás a poseerle y se generará en ti la necesidad de algo más.

Sin embargo, es la vida quien te enseña el verdadero valor de las cosas. Cuando tienes un problema de salud, de pérdida de un ser querido, de economía, de trabajo, legal, es cuando en verdad entiendes que la felicidad no es tener ni poseer. Comprendes que la felicidad es estar en este mundo, disfrutando los buenos y malos momentos, los pequeños detalles, los triunfos, los fracasos.

La forma cómo enfrentas la vida, será la pauta para poder ser feliz. Cuando un individuo se encuentra deprimido, con tristeza, su sistema inmunológico baja la guardia y es más susceptible de enfermedades. De igual forma, su estado de alerta se encuentra disminuido lo que provoca a su vez, pérdida de concentración y en consecuencia está más expuesto a sufrir accidentes, perder objetos, mal desempeño laboral o social. Al final, se van generando una cadena de eventos adversos en el sujeto que le hacen pensar que todo le sale mal, que le llueve sobre mojado o a decir la clásica expresión de que sólo falta que un perro me confunda con un árbol.

Tampoco sería creíble ver a una persona en duelo con risa fácil; sin embargo, todo proceso evoluciona y el duelo es superable cuando se enfrenta la situación con una mejor actitud y rodeado de personas que le brindan amor y consuelo.

Un colega mío decía: No me molesta que me digan perro, me molesta la perra forma en que me lo dicen. Y es que la mayoría de las personas exitosas basan su éxito en la capacidad de transformar lo adverso en áreas de oportunidad y hablan de forma enfocada en la situación, sencilla, sutil, amable, risueña y convincente.

La felicidad va de la mano con un estado de salud adecuado. Pues el individuo feliz, es activo, emprendedor, dinámico y le gusta involucrar a los demás en su alegría. En consecuencia, se preocupa por su condición física, tiene una alimentación saludable,  su autocuidado es con un enfoque preventivo. En relación a la condición de alimentación, ¿han escuchado la afirmación Gordito pero feliz? esto es totalmente falso. Las personas con obesidad tienen un alto grado de predisposición a la depresión. La gente que  disfruta de la alegría de vivir, tiene una mejor calidad de vida.

Hagamos un ejercicio: Recuerda el día de hoy cuando caminaste por la calle y te cruzaste con personas ¿A cuántas de ellas viste sonreír? ¿Tú sonreíste a alguien? Creo te sorprenderás al darte cuenta de tu respuesta. Tu estrés diario, tus ocupaciones, tus preocupaciones, han logrado que la sonrisa desaparezca de tu rostro, alejando de ti la alegría de vivir.

Ser feliz es una decisión, no un estado. Se puede ser feliz con lo que se tiene, pero sin caer en el conformismo. Disfruta al máximo del regalo más maravilloso de Dios: La vida.

Tú encomienda como habitante de este mundo: ¡Ser feliz! en consecuencia, los que te rodean también lo serán.

Sonríe todos los días. Es gratis.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Quintana Roo, México. Diciembre del 2016




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martes, 1 de noviembre de 2016

SOLEDAD EN LA PAREJA

Juntos en la buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, hasta que la muerte nos separe. Es una de las promesas que las parejas hacen al momento de casarse o deciden vivir juntos, la cual lleva implícito que a partir de entonces ya no estarán solos.

Las parejas recién casadas, en su luna de miel viven una continuidad del noviazgo  y conforme pasa el tiempo la relación va madurando o por el contrario,  muchas veces sin darse cuenta, van cayendo en una comunicación que simplemente es un intercambio de palabras superfluas que al no tener un diálogo o compenetración, las diferencias son más difíciles de afrontar.

Una situación que todos o la mayoría hemos escuchado es  que una mujer se queje de que no puede hablar con su esposo de sus inquietudes, miedos, problemas o situaciones adversas, y que prefiere platicarlo con amigas o quedarse callada como si no pasara nada y que la relación continúe como está.

Queda claro que en una dinámica conyugal así,  el dialogo no existe. La comunicación en la pareja está basada en una charla rutinaria de temas cotidianos que no tienen nada que ver con la relación de pareja, sino más bien con una lista de pendientes por resolver referentes a la casa, la escuela de los hijos, la situación económica, el clima, que efectivamente son temas importantes a tratar que no pueden pasar desapercibidos, pero que se vuelven prioritarios para la estabilidad familiar. Entonces los cónyuges, más que vivir su relación de pareja se convierten en administradores y proveedores de la familia, dejando a un lado, o peor aún en el olvido,  que antes que ser padres son esposos, personas cuyos sentimientos y deseos deberían estar antes  que sus responsabilidades y compromisos, que por dedicarse a cumplir éstos, sin querer van creando un abismo entre ellos porque no se dan cuenta que dejan de conocerse, ya no se interesan en su cónyuge como persona ni de los cambios que va teniendo o de cómo le afectan las situaciones que viven día a día. Hasta que pasado el tiempo, al mirarse frente a frente, se ven como dos perfectos desconocidos que ni siquiera saben cómo convivir entre ellos.

¿Por qué sucede esto?

Aunque no es un tema de consulta médica, en muchas ocasiones  es un referente en el interrogatorio a los pacientes. Y en el párrafo anterior sólo menciono la situación de las mujeres, sin embargo, también los hombres se quejan que con sus esposas no pueden hablar. Pero ése no es el objetivo de este artículo. Lo que en esta ocasión quiero resaltar es que el no saber expresar sentimientos, el machismo, la baja autoestima, la ignorancia, la escolaridad deficiente, el desempleo, el exceso de trabajo, las adicciones, entre otros, son factores de riesgo que vienen a debilitar o fracturar las relaciones de parejas porque impiden un diálogo fructífero que fortalezca la relación al permitir que los cónyuges tengan una comunicación más íntima que los lleve a tener un mejor conocimiento de sí mismo y de su pareja.

De igual forma, las personas que provienen de familias desintegradas o  disfuncionales, tienen un alto riesgo de trasladar esos problemas de comunicación efectiva a la familia que recién forman.

El diálogo es un arte aprendido, un aprendizaje que se puede adquirir a cualquier edad, sólo basta tener el deseo de hacerlo.

Desde niños, en nuestros hogares nos enseñan a hablar, pero muy pocas veces nos enseñan a dialogar y expresar nuestros sentimientos. Por el contrario, en muchas ocasiones nos reprimen la expresión de sentimientos como cuando al niño le dicen: No llores, sólo las niñas lloran. Aguántate como los machos. Guarda tus lágrimas para cuando me muera.

Expresiones que poco a poco van escondiendo en el interior del individuo los sentimientos que tiene, pero que no sabe expresar.

Cuando existen conflictos de pareja, las mujeres dicen: Mi esposo es frío, pero en el fondo me quiere. Situación cierta, porque para la mayoría de los varones resulta muy difícil expresar sus sentimientos, más aún a su propia pareja.

También he escuchado decir: No es necesario que le diga que la quiero, ella lo sabe, si no fuera así, no seguiría con ella. El hombre comete el error de dar por hecho que el resto de la familia (llámese esposa o hijos) saben que los ama y que están por demás las palabras y las acciones que lo demuestren. Que el hecho de que no falte sustento es la mejor prueba de amor hacia su familia.

Otra circunstancia que se vive en algunas parejas es que  los hijos adolescentes o jóvenes se vuelven confidentes de la mamá, de tal manera que suplen con ellos la falta de diálogo con el esposo. Pero cuando los hijos tienen que  abandonar el hogar como parte de su ciclo de vida, la mujer queda nuevamente sola con un hombre con quien no está acostumbrada a dialogar y expresar  lo que le sucede. Están juntos, bajo un mismo techo, pero sin una verdadera relación de pareja ni apoyo mutuo o interés por lo que le sucede al otro. Como cuando adultos mayores acuden a consulta solos.

En toda relación de pareja, sin importar edades o tiempo juntos, el diálogo debe ser su estilo de vida, indispensable para madurar en la relación y mantener una comunicación efectiva que lleve a la unidad y pertenencia de los cónyuges.

En  ocasiones, el no mirar fijamente a la persona con quien se habla, el estar haciendo otras actividades mientras decimos que la estamos escuchando, o interrumpirla cuando aún está hablando, son actitudes negativas que pueden hacer pensar que no es importante lo que el otro expresa. Por eso, es imprescindible que en el diálogo se otorgue tiempo para escuchar con  paciencia y atención, además de disponer todos nuestros sentidos para recibir el mensaje que mi pareja quiere comunicarme, esto es hacer un silencio interior para ser receptivo a lo que el otro necesita decir. Y con esta actitud demostramos que valoramos su persona.

Es a través del diálogo basado en sentimientos, que las parejas pueden superar las crisis que inevitablemente se presentan en las diferentes etapas de la vida conyugal y familiar. El poder mostrar nuestro yo interior, cómo soy en realidad,  no nos vuelve vulnerables ante la pareja, por el contrario, fortalece nuestra unión al conocernos más e incrementa el amor que fue el motivo principal por el que decidimos unirnos.

Cuando se vuelve un hábito en nuestra dinámica marital darle la  importancia que merece nuestro cónyuge y mantenemos una actitud dialogante que fortalece la relación,  nos hace experimentar pertenecido, amado, protegido, escuchado.

La relación de pareja, va a ser duradera cuando se logra una comunicación efectiva a través de un dialogo basado en sentimientos.

Dr. Carlos Primitivo Baquedano Villegas
Lic. Adriana Guadalupe Domínguez Vázquez

Cancún, Quintana Roo, México. Noviembre del 2016





sábado, 1 de octubre de 2016

MALA ALIMENTACIÓN

Es muy común que cuando una persona descubre que su sobrepeso u obesidad ya ha rebasado los límites por ella permitidos, diga: Me voy a poner a dieta, el lunes empiezo.

Llegado ese fatídico lunes, empieza con mucho entusiasmo y optimismo a realizar su dieta en la mañana, pero ya avanzada la tarde de ese día, los ánimos han decaído y se manifiesta  ansioso e incluso desesperado.

La palabra dieta, habitualmente la asociamos con restricción de alimentos, concepto que genera angustia en los pacientes aún con sólo escucharla. Por tal motivo, se sugiere cambiar la palabra dieta por Plan Alimenticio, pues en realidad de eso se trata, de realizar un plan de alimentación que permita medir calorías, balancear los diferentes grupos de alimentos y establecer horarios para realizarlos con la finalidad de disminuir  o  aumentar de peso según sea el caso.

El subir de peso es algo que se presenta la mayoría de las veces de una forma gradual y silente, ante la permisibilidad inconsciente del individuo, quien envuelto en su dinámica diaria, empieza a ganar peso poco a poco sin darse cuenta.

Es común pensar que el sobrepeso u obesidad que tenemos en la edad adulta es por herencia de nuestros padres y abuelos, ya que como ellos son, nosotros necesariamente tenemos que ser así, pues es una característica de la familia. Y aunque existe cierto factor genético predisponente, la mayoría de las veces lo que se heredan son hábitos y costumbres de nuestra familia que nos llevan a repetir patrones o estilo de vida que da como resultado que tengamos una fisonomía  similar.

Les recuerda algo: ¡Acábate toda tu comida si quieres postre! ¡Come tortillas, para que te llenes! ¡Mamá, no hay refresco para comer! Este tipo de costumbres, se fueron quedando marcadas desde nuestra niñez a la edad adulta. Patrón de conducta que reproducimos en la crianza de nuestros hijos.

Si somos observadores encontraremos la mayoría de las veces en familias con papás obesos, que sus hijos también lo son, pues comen lo mismo, tienen la misma actividad (poca o nula) y no porque sea genético, sino por los usos y costumbres que vamos inculcando a nuestros hijos.

El comer sano es una disciplina difícil de llevar a cabo si no se tiene el hábito. Situación que se complica aún más por las condiciones laborales desfavorables, como por ejemplo comer sin un horario rutinario habitual u omitir alimentos. Cuando no tenemos una hora determinada para la comida todos los días provoca desajustes metabólicos en el organismo que condiciona que las personas suban fácilmente de peso por el desorden alimenticio. Pero además, esta  situación  se refuerza por el hecho de que el individuo con jornadas laborales largas o extenuantes, llega a su domicilio muy cansado y sin el ánimo o deseo de realizar ejercicio. Es así como sobreviene el sobrepeso.

Un error que habitualmente cometen las personas que quieren bajar de peso es dejar de cenar. Al omitir la cena, el organismo pasa casi 18 horas de ayuno entre alimentos, por lo que el metabolismo interpreta esta ausencia de alimento como carencia, en consecuencia, el metabolismo se vuelve lento con la finalidad de preservar energía para el individuo. Cuando la persona come de nuevo, el cuerpo almacena los nutrientes preparándose para la carencia, de tal forma que al dejar de cenar mandamos una falsa señal de carencia lo que condiciona que al final de un tiempo de realizar esta práctica no solo no se pierda peso, sino que incluso, se gane peso al dejar de cenar, debido a que el metabolismo no procesa la energía y las calorías se van acumulando.

En muchas ocasiones, el paciente que acude a control de peso dice: La verdad no como tan mal para tener obesidad. 

Les pongo un ejemplo de cómo cometemos errores en nuestra alimentación: Por necesidades de trabajo, muchas veces se tiene que comer fuera de casa, así que con tal de comer bien, el individuo pasa a un lugar en donde venden sándwiches hechos de pan integral alto en fibra, jamón o pierna de pavo, queso panela, germen de trigo, lechugas, tomates y aderezos bajos en calorías. Este sándwich es acompañado de un litro de jugo de naranja ¿En dónde estuvo el error? Estuvo en el litro de jugo que contenía ocho naranjas dulces en promedio. Esa cantidad fue inadecuada y echó  a perder la buena intención de comer sano. Lo mismo sucede cuando la gente por las mañanas toma licuados con frutas o cereales, pues la mayoría de las veces toman un litro de estos productos, rebasando las calorías que se deben consumir. Tal es el caso también de las leches achocolatadas (que en realidad es azúcar  y saborizante) que los niños (y muchos adultos) acostumbran beber como parte de su desayuno, merienda o cena.

La cantidad es importante. Por ejemplo, las vacas únicamente comen hierba y están gordas ¿Por qué? Pues por la cantidad excesiva de pasto que ingieren.

De igual forma, el no balancear adecuadamente los alimentos,  incrementa las calorías aunque la cantidad no sea mínima.

Donde vivo, venden uno tacos los cuales preparan con tortilla de maíz (habitualmente dos tortillas por taco), frijol en pasta (frijol colado), carne de cerdo empanizada, arroz y salsas.  Aunque el individuo sólo coma 2 tacos, la alta cantidad de carbohidratos contenidos en el alimento, le hace ganar peso fácilmente.

La comida rápida es uno de los condicionantes que favorecen la obesidad y el sobrepeso, pues la mayoría de las veces son freídas en grandes cantidades de aceite y ricas en carbohidratos.

Otro mal hábito de los papás es comer lo que sus hijos no comen para que esa comida no se desperdicie. De esta manera rebasan la porción recomendable para una comida.

El consumo habitual de jugos artificiales, néctares, jugos concentrados (artificiales o naturales), leches saborizadas, galletas, frituras, yogurt saborizado, son errores en la alimentación. Se debe evitar que los niños y los adultos consuman estos productos  que lo único que aportan son kilos de más. Por lo que se deben sustituir por  agua simple o de sabor hecha en casa y consumir más alimentos sanos como frutas y verduras.

El Plato del Buen Comer es una estrategia adecuada para llevar una buena alimentación, que de la mano con la realización de ejercicio diario de forma constante mínimo por 30 minutos, nos permitan tener un adecuado estado de salud, libre de obesidad y en consecuencia de enfermedades crónico-degenerativas secundarias.

Nuestra salud, invariablemente dependerá de lo que comemos o dejamos de comer. La perseverancia y la disciplina nos ayudaran a conseguir cambios significativos en nuestro estado de salud.

Te invito a que hagas un autoanálisis respecto a tu alimentación y cómo ésta influye en tu salud o en tu estado de ánimo para seguir adelante cada día. Si encuentras que hay algo que no es favorable o que te afecta negativamente, valdría la pena tomar la decisión de modificar tu estilo de vida para estar mejor. Te aseguro que sí se puede lograr. Y si es necesario, busca ayuda profesional para que realices los cambios necesarios para tu bienestar.

Una observación muy importante es no caer en el error de usar productos milagro que por el simple hecho de consumirlos harán maravillas en ti. Cabe recordar que cada persona es diferente y por consiguiente, sus necesidades y condiciones metabólicas son particulares, por lo que su plan alimenticio debe estar acorde a éstas para que tenga una vida saludable. 


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Quintana Roo, México. Octubre del 2016




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